GUÍA
Repartir un beat entre productores
Dos personas hacen un beat, se vende, y ya nadie sabe decir quién le debe qué a quién. El reparto no es una formalidad legal que se arregla después: es una decisión de producción, tomada antes de la primera sesión, y cabe en cinco líneas escritas. Aquí está qué se reparte de verdad, qué repartos se usan realmente, y qué pasa en BeatStars y en YouTube el día que aparece el dinero.
ÍNDICE
LO ESENCIAL
- Hay dos repartos superpuestos, no uno: el del beat entre productores, y el de la canción terminada con el artista. Confundirlos es el error caro aquí.
- Un reparto se decide antes de producir. Después de la primera venta deja de ser una decisión y pasa a ser una negociación.
- El reparto integrado de una plataforma divide el dinero de las ventas de esa plataforma — no los derechos, ni YouTube, ni el resto.
- En YouTube, los ingresos de un vídeo son del canal que lo aloja: haber coproducido el beat no da ningún derecho automático.
- Solo puedes repartir lo que te pertenece: un sample sin licencia convierte el 50 % en la mitad de nada.
01A qué apunta de verdad la palabra «reparto»
Un reparto es la parte de cada uno en lo que gana una obra. La trampa es que aquí hay dos obras superpuestas, y la misma palabra sirve para las dos. Está el beat — el instrumental, hecho por uno o varios productores — y está la canción terminada que publica el artista, que contiene tu beat más letra, voz e interpretación. Dos objetos distintos, dos repartos distintos.
La consecuencia práctica es una disciplina de vocabulario, y ella sola quita la mitad de los malentendidos: no digas nunca «vamos al 50/50» sin decir de qué. «50 % del beat» y «50 % de la canción» son dos frases, una de las cuales es lo habitual y la otra casi nunca es cierta. Cuando escribáis vuestro acuerdo, la primera línea dice de qué es porcentaje ese porcentaje.
02Por qué el reparto se decide antes de la sesión
Antes de producir, el beat no vale nada. Nadie sabe si se va a oír, a vender, o a olvidar en una carpeta. Eso es justo lo que hace fácil la conversación: estáis repartiendo un objeto hipotético, y todo el mundo acepta de buena gana una regla sencilla. Tres meses después el mismo beat ha ganado dinero de verdad, y la misma conversación se convierte en una negociación en la que cada uno recuerda su propia aportación — con sinceridad, y de forma distinta al otro.
Ese sesgo es universal y no deshonesto: recuerdas muy bien lo que hiciste tú, y mucho menos lo que estaba haciendo el otro mientras tanto. Suma dos estimaciones honestas y con frecuencia pasas del 100 %. La única protección contra esa diferencia es un registro fechado de antes, escrito cuando ninguna de las partes ganaba nada reclamando más.
Hay también un motivo más prosaico: el reparto bloquea el lanzamiento. Añadir un colaborador en una plataforma de venta, escribir los créditos en el título, rellenar los metadatos del archivo — todo eso ocurre al publicar. Un reparto sin decidir es un beat terminado esperando una respuesta en un disco duro.
03Los repartos que se usan de verdad
No hay ninguna escala oficial. Lo que sigue es lo que más se practica, y el sentido de conocer estas costumbres no es aplicarlas a ciegas: es tener un punto de partida, para que la conversación no empiece con un silencio incómodo.
| Situación | Reparto habitual | Por qué aguanta |
|---|---|---|
| Dos productores, una sesión compartida | 50 / 50 | Con el tiempo las aportaciones se compensan — y contar pistas cuesta más que los diez puntos que hay en juego. |
| Uno trae la melodía, el otro produce el resto | 50 / 50, a veces 40 / 60 | La melodía es el punto de partida, el arreglo es el trabajo. Las dos cosas existen, ninguna basta sola. |
| Melodía comprada a un melody maker | Lo que diga su licencia | La parte ya está fijada por el documento que aceptaste al descargar el loop. Lo lees; no lo renegocias después. |
| Tres productores en un beat | Tercios iguales, o 40 / 40 / 20 | Los tercios evitan la aritmética; un reparto desigual solo es un problema cuando se descubre después. |
| Mezcla o mastering encargados a alguien | Una tarifa cerrada, no un porcentaje | Es un servicio prestado sobre un beat que ya existe. Se paga una vez, salvo que acordéis expresamente otra cosa. |
Una cosa no funciona nunca: justificar un porcentaje contando pistas. Quien puso dieciocho capas de percusión no trabajó más que quien encontró las cuatro notas alrededor de las que gira todo — y al revés es igual de falso. Una sesión se mide en horas y decisiones, no en elementos en la ventana de arreglos.
04Quién publica, quién cobra
En la práctica uno de los dos sube el beat. Un canal de YouTube lo lleva, una tienda lo vende, una cuenta recibe el dinero. Esa asimetría es normal e incluso deseable — dos subidas del mismo beat competirían entre sí —, pero pone a uno de vosotros en posición de confianza respecto al otro. Mejor organizarlo.
- 1Elegid la cuenta que aloja, por un motivoAquella cuyo canal y tienda llevan el beat. Se elige porque su público encaja con el terreno y su catálogo se mantiene coherente — no porque esa persona abriera el proyecto ese día.
- 2Decid a dónde va el dineroO la plataforma paga a cada uno directamente, o quien aloja cobra todo y pasa una parte. El segundo caso es el más común, y es el que hay que escribir: qué cantidad, con qué periodicidad, por qué método de pago.
- 3Dad acceso a los números, no solo al dineroUn colaborador que no ve ni ventas ni visitas tiene que creerte. Basta con una captura mensual de la tabla de ventas, y quita la única pregunta que envenena estas relaciones con el tiempo.
- 4Poned una fechaMensual, trimestral o a partir de un umbral — da casi igual, mientras sea una fecha y no «cuando me acuerde». Los pagos olvidados rara vez son deshonestos; simplemente nunca se programaron.
Queda el caso que nadie quiere plantear: quien aloja deja la música, cierra la cuenta o deja de responder. El beat desaparece entonces de las plataformas con él, y el coproductor a veces ya ni tiene el archivo. La protección es una frase en el acuerdo: los dos guardan una copia de las fuentes y del máster, y cualquiera puede volver a subir el beat si el otro sigue ilocalizable pasado un plazo acordado.
05El reparto integrado de la plataforma, y lo que no resuelve
BeatStars, como varios de sus competidores, puede asociar un colaborador a un tema con un porcentaje y pagarle su parte directamente en su propia cuenta. Es una mejora real: la transferencia del dinero, que todo el mundo daba por la parte difícil, cuesta dos clics. El malentendido empieza cuando se confunde esa herramienta con el acuerdo en sí.
Lo que sí resuelve
- —Pagar la parte en las ventas hechas en esa plataforma, sin que tengas que pensar en ello.
- —El registro: el porcentaje está en la página del beat, con fecha, en manos de un tercero.
- —El crédito público, ya que el colaborador aparece en la ficha del producto.
Lo que no resuelve
- —Todo lo que entra por otro lado: YouTube, una colocación en sincronización, una venta directa por transferencia, un pack vendido en tu propia web.
- —La propiedad de los archivos fuente, y el derecho de cada uno a reutilizar su propia melodía en otro sitio.
- —Qué pasa el día que el beat se vende en exclusiva y sale de la tienda.
- —El registro en las entidades de gestión, que vive en un sistema totalmente distinto al de vuestra tienda.
- —El caso en que el colaborador no terminó nunca de configurar su cuenta: la parte se cuenta, pero se queda atascada.
De ahí dos comprobaciones antes de la primera venta, nunca después: que tu plan permita de verdad los repartos automáticos — no todos lo hacen — y que el colaborador tenga una cuenta operativa, con método de pago validado incluido. Una parte que no se puede pagar es una deuda que crece en silencio.
06YouTube: los ingresos del vídeo no son los del beat
Un vídeo de YouTube monetizado paga al canal que lo aloja, y a nadie más. Haber coproducido el beat que suena en él no da ningún derecho automático sobre esos ingresos por publicidad: son dos cosas distintas, una ligada a una obra y otra a una cuenta. Si queréis repartir también ese lado, es una línea explícita más en el acuerdo — y muchos dúos deciden lo contrario, porque el canal es de uno de los dos, que carga con su trabajo.
Segundo punto, y más peligroso: no metas en Content ID un type beat vendido con licencias no exclusivas. El sistema reclamaría los ingresos de los vídeos de tus propios clientes — justo a quienes les vendiste el derecho a publicar — y cada venta se convertiría en un conflicto. Content ID tiene sentido para una obra cuyos usos controlas por completo; un catálogo de type beats es exactamente lo contrario.
Y por último, la canción terminada que el artista publica en plataformas de streaming es otra cosa más. Tu parte ahí pasa por la parte editorial y las entidades de gestión, se registra con los nombres legales de todos los autores, y el reparto entre coproductores vuelve a aparecer — dentro de la parte asignada al beat. La guía de licencias y precios cubre ese mecanismo.
07Los samples: el tercero que no está en la sala
Solo puedes repartir lo que te pertenece. Si el beat se apoya en un sample sin licencia, el reparto más cuidadosamente escrito está dividiendo la propiedad de algo que no es tuyo — y el día que la canción funcione de verdad, ese tema llega primero, por delante de cualquier discusión de porcentajes entre vosotros.
- —Un kit o pack de samples con licencia: lee la licencia. La mayoría permite el uso dentro de una composición pero prohíbe revender el sonido aislado, y algunas restringen las ventas en exclusiva.
- —Un fragmento de un disco: necesita autorización de los titulares de derechos, que se negocia y se paga. Hasta que llegue, el beat no se puede vender — por bueno que sea.
- —El loop de un melody maker: eso no es un sample, es un reparto más. Su parte la fija su licencia y va en la misma columna que la vuestra.
La buena costumbre cuesta treinta segundos: anota en la carpeta del proyecto de dónde vino cada elemento, en el momento en que lo metes. Un archivo de texto junto a las fuentes, con el nombre del pack y la fecha. Esa información no vale nada mientras todo va bien, y lo vale todo el día que alguien pregunta — seis meses después, nadie se acuerda de dónde salió ese loop de piano.
08El acuerdo escrito, en cinco líneas
No es un contrato de diez páginas. Un mensaje fechado, enviado por un canal que conserva el historial, con los dos nombres y los puntos de abajo, vale infinitamente más que un acuerdo de palabra entre dos personas que se llevan bien. Los conflictos casi nunca surgen entre desconocidos: surgen entre amigos, precisamente porque los amigos no escriben nada.
- El título provisional del beat y la fecha de la sesión.
- Los nombres legales de las dos partes, no solo los alias, y una forma duradera de localizaros.
- Los porcentajes, que sumen 100, y la frase que dice de qué: de la parte de productor del beat.
- Si se aplican sobre bruto o sobre neto — es decir, antes o después de la comisión de la plataforma y las comisiones de pago.
- Quién publica, dónde, y con qué nombre aparece el beat.
- Quién cobra, cómo se pasa la otra parte, y con qué periodicidad.
- Qué puede hacer cada uno con el beat en otro sitio: meterlo en un pack, reutilizar la melodía, ofrecérselo directamente a un artista.
- Quién puede aceptar una exclusiva, y a partir de qué precio.
- De dónde salieron los samples, y quién garantiza que se pueden usar.
- Qué pasa si uno de los dos deja de estar localizable.
09La exclusiva, el día que aparece
Este es justo el punto donde se rompe un reparto de palabra. Una exclusiva retira el beat de la venta, paga una cantidad de golpe y compromete a los dos productores a largo plazo. Surgen dos preguntas, y ninguna se resuelve bien bajo presión: quién tiene derecho a decir que sí, y a partir de qué cantidad.
La regla que evita el accidente cabe en dos frases. Ninguno de los dos vende solo una exclusiva de un beat coproducido. Y se escribe de antemano un precio mínimo, para que la conversación no empiece de cero bajo la presión de un comprador con prisa — que, por su parte, sabe perfectamente que nunca lo habíais previsto.
Lo que se lleva de verdad una exclusiva — las licencias ya vendidas que siguen siendo válidas, la retirada de la venta, qué obtiene el comprador y qué no — está en la guía de licencias y precios. Léela antes de aceptar una, no después.
10Los créditos, la huella pública del reparto
El reparto es un acuerdo privado; los créditos son su versión pública. No sustituyen al acuerdo, pero hacen algo que el acuerdo no puede: sobreviven. Una conversación privada se pierde al cambiar de móvil, un título de vídeo sigue online diez años.
Así que el coproductor aparece en cuatro sitios, exactamente con el mismo nombre: en el título del vídeo siguiendo la convención «Prod. A x B», en la descripción, en los metadatos del archivo de audio y en la ficha del producto. El orden de los nombres se decide una vez y no se mueve nunca — la misma disciplina que con el nombre del beat, que tiene que ser idéntico desde el archivo hasta la página de pago.
Hay un interés propio bien entendido en ser estricto con esto: los créditos son el canal por el que tu coproductor recoge sus propios clientes, y al revés. Un beat coproducido bien acreditado trabaja para dos catálogos. La mecánica de las plantillas — dónde poner esas variables para no reescribirlas nunca — está en la guía de plantillas de título, descripción y etiquetas.
11Los errores que acaban en conflicto
- Contar pistas para justificar un porcentaje: el único método que siempre le da la razón a quien está hablando.
- «A ver si funciona primero» — el único momento en que el acuerdo es fácil de escribir es aquel en el que no vale nada.
- Un reparto de palabra entre amigos cercanos, que es justo la configuración en la que crecen los conflictos.
- Añadir al colaborador en la plataforma y creer que el acuerdo está hecho: esa herramienta reparte el dinero de un sitio, no los derechos de una obra.
- No decir si los porcentajes se aplican sobre bruto o sobre neto, y descubrirlo en el primer pago.
- Vender una exclusiva tú solo, de un beat que no hiciste solo.
- Reutilizar la melodía de tu coproductor en otro beat sin decírselo.
- Publicar sin crédito y prometer arreglarlo después: nadie edita una descripción un mes más tarde.
- Dejar que una parte se acumule en una cuenta que el colaborador no terminó de configurar.
- Meter en Content ID un type beat vendido con licencias no exclusivas, y reclamar dinero a tus propios compradores.
12La lista antes de lanzar un beat coproducido
- Los porcentajes están escritos, fechados, y suman 100.
- Dicen de qué son porcentaje, y si se aplican sobre bruto o sobre neto.
- El coproductor aparece en el título, la descripción, los metadatos y la ficha del producto, con el mismo nombre en todas partes.
- El colaborador está añadido en la plataforma, y su cuenta puede recibir dinero de verdad.
- El origen de cada sample está anotado en la carpeta del proyecto.
- Lo que pasa con una exclusiva está decidido antes de que nadie ofrezca una.
- Los dos tenéis una copia de los archivos fuente y del máster.
- Hay una fecha de pago fijada, no solo un principio.
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